<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?><?xml-stylesheet type='text/xsl' href='http://downwhereim.spaces.live.com/mmm2008-07-24_12.50/rsspretty.aspx?rssquery=en-US;http%3a%2f%2fdownwhereim.spaces.live.com%2fcategory%2fMagdalena%2ffeed.rss' version='1.0'?><rss version="2.0" xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" xmlns:msn="http://schemas.microsoft.com/msn/spaces/2005/rss" xmlns:live="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:cf="http://www.microsoft.com/schemas/rss/core/2005" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"><channel><title>Down Where I Am: Magdalena</title><description /><link>http://downwhereim.spaces.live.com/?_c11_BlogPart_BlogPart=blogview&amp;_c=BlogPart&amp;partqs=catMagdalena</link><language>en-US</language><pubDate>Sun, 02 Sep 2007 16:06:03 GMT</pubDate><lastBuildDate>Sun, 02 Sep 2007 16:06:03 GMT</lastBuildDate><generator>Microsoft Spaces v1.1</generator><docs>http://www.rssboard.org/rss-specification</docs><ttl>60</ttl><cf:parentRSS>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/feed.rss</cf:parentRSS><live:type>blogcategory</live:type><live:identity><live:id>2703797283152210225</live:id><live:alias>downwhereim</live:alias></live:identity><cf:listinfo><cf:group ns="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" element="typelabel" label="Type" /><cf:group ns="http://schemas.microsoft.com/live/spaces/2006/rss" element="tag" label="Tag" /><cf:group element="category" label="Category" /><cf:sort element="pubDate" label="Date" data-type="date" default="true" /><cf:sort element="title" label="Title" data-type="string" /><cf:sort ns="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" element="comments" label="Comments" data-type="number" /></cf:listinfo><item><title>Magdalena (Desenlace)</title><link>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!294.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-&lt;/font&gt;Yo os advertí de que Eva se encontraba ente nosotros, resuelta a tentarnos, disfrazando con placer el pecado. ¡Ay si alguno de vosotros hubiera sido su víctima! Pero fui yo quien se sacrificó y yo fui quien lidió y espantó a ese demonio del pueblo. Todos, entonces, estáis en deuda conmigo y debéis atender siempre a mis palabras y consejos, que nunca han tenido nada de injustificados o gratuitos. La comunidad ya está libre de lascivia y de pecado, mantengamos ahora el decoro y hagamos siempre lo que es correcto y agrada a los ojos de Dios. Sobriedad y castidad. Me debéis ese sacrificio en vida, porque yo me he condenado por vosotros más allá de la muerte. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Aunque beatos y pueblerinos, no se debía confundir ignorancia con estupidez. El pueblo, obediente a las directrices del párroco, continuó tras la noticia de la muerte de Fernando y Magdalena sumido en su estado de moralidad enfermiza, pero no por ello se abstuvo de hablar sobre los motivos reales que habían impulsado a Damián a protagonizar aquella cruzada contra el&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;deseo y los placeres carnales. Primeramente, la noticia del ajusticiamiento de Fernando no causó gran sorpresa entre los habitantes de la villa, porque de él siempre se había sospechado de su simpatía por la república y las ideas comunistas, y su talante discreto y reservado no había hecho más que ahondar en la desconfianza que la comunidad le dispensaba. Sin embargo, la suerte de Magdalena si fue causa de gran revuelo. No se debió esto a que la mujer fuera mucho más apreciada que su hermano, sino porque pronto se supo (esta clase de secretos nunca lo son por mucho tiempo) que había muerto a manos del cura. Hubo entonces rumores y suposiciones más y menos macabras, más y menos dirimentes, más y menos razonables. Todos coincidían en que Damián se había enamorado de Magdalena y que ésta no le había correspondido, pero diferían a la hora de aventurar cómo aquel amor imposible había derivado en semejante tragedia. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Y todo quedó en un chismorreo. Nadie se atrevió a señalar ni a acusar a Damián. ¿Quién iba a poner en duda la actuación de un párroco?, ¿quién iba a cuestionar sus razones?, ¿quién iba a lamentarse por la muerte de dos desconocidos que llegaron, se instalaron a las afueras del pueblo y nunca hicieron por integrarse? Alguien dijo: &lt;i&gt;Si han acabado como han acabado, por algo será&lt;/i&gt;. Y poco a poco, las lenguas ociosas fueron dejando de lado a Damián para cebarse en las atractivas y misteriosas figuras de los hermanos, inventándose historia y locuras sobre ellos, demonizándolos, escupiendo en su memoria, hasta que arraigó en el pueblo el sentimiento compartido de que bien estaba aquella pareja muerta. El párroco dejó de ser protagonista de aquella historia deformada, primero fue un asesino convertido en víctima y después un personaje obviado.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Así terminaron los cadáveres de Magdalena y Fernando en una fosa común sin que nadie se mostrara interesado en hacerles justicia, convertida su tragedia en un chismorreo, en una historia oscura que rememorar de vez en cuando al agotarse cualquier otro tema de conversación. Y Damián, el asesino vuelto víctima, el verdugo eximido, acabó sus días con la conciencia tranquila y satisfecha, con el convencimiento de haber hecho lo correcto y casi de ser un santo mártir; sin volver a pensar en los hermanos, como demonios exorcizados, apagados sus instintos para siempre. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;No hubo justicia ni en la vida ni en la muerte de Fernando y Magdalena, ni tampoco en su memoria, ni en su historia. Tampoco en la de Damián. En el pueblo se olvidó la tragedia y todo volvió a la normalidad con esa fría capacidad humana de no dejarse sorprender durante demasiado tiempo por cualquier acontecimiento por trágico o cercano que sea; como si no hubieran sido jamás asesinados dos inocentes ni hubiera salido indemne el criminal. A veces ocurre de éste modo, así salvaguarda el ser humano su conciencia. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;
&lt;table style="width:72px;height:70px" cellspacing=0 cellpadding=40 width=72 background="http://storage.msn.com/x1pgliP38XxBL055VOgHvYWwt61FYMnCJcEVaFAXt7aoVVEFtigxfDdihcLVXPGMnitbpe6q2zoeRGqIcxEOFlK2qisMCZmHvbRfY99wGTHCqhuCm7pdLBd9OTr-Z7CdAkoF8h_11x7nGJ0yEsn0SEMfg" border=1&gt;
&lt;tbody&gt;
&lt;tr&gt;
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&lt;p&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif" color="#ffffff"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=2703797283152210225&amp;page=RSS%3a+Magdalena+(Desenlace)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=downwhereim.spaces.live.com&amp;amp;GT1=downwhereim"&gt;</description><comments>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!294.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!294.entry</guid><pubDate>Sat, 08 Apr 2006 22:06:31 GMT</pubDate><slash:comments>1</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/cns!2585D14DBEF42931!294/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!294.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-04-12T20:27:22Z</dcterms:modified></item><item><title>Magdalena (XI)</title><link>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!292.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Magdalena estaba sentada en el borde de la cama. Sus pertenencias, que después de la guerra nunca habían sido muchas ni muy pesadas para facilitar cualquier evasión rápida, aguardaban junto a la entrada del cuarto. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Había intentado convencer a Fernando para que no fuera en busca de Damián. Su honor vapuleado bien podía soportar una humillación más, pero su cuerpo, agotado y débil tras la paliza del párroco, no estaba preparado para un huída precipitada. Además, otra muerte en el haber de Fernando pondría de nuevo tras ellos a la policía tras meses de tranquilidad y anonimato. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Cruzaremos la frontera a Portugal – había resuelto Fernando cuando ella intentó convencerle de que dejara pasar aquel asunto – Allí podremos vivir tranquilos. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Magdalena se preguntaba hasta qué punto los ánimos encendidos de su compañero se debían a la afrenta de Damián sobre ella. Sabía que con su acción, el párroco había brindado a Fernando la oportunidad de vengarse por aquella especie de persecución obsesiva a la que se habían visto sometidos prácticamente desde que llegaron al pueblo, pero aunque no le importara en absoluto qué pudiera ser del cura a manos de su compañero, sí le preocupaba las posibles consecuencias de aquel acto de desquite. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;El campanario de la iglesia había dejado sonar las doce hacía rato y Magdalena comenzó a preocuparse por la demora de Fernando. Pero cuando se decidió a salir en su búsqueda, escuchó la puerta de entrada y pasos encaminándose hacia el dormitorio. Se sintió aliviada y se incorporó a la espera de que el varón apareciera con las manos manchadas de sangre y apremiándola a huir de inmediato. Sin embargo, fue Damián quien atravesó el umbral, molido a golpes pero vivo, y con aires de triunfo. Entonces, ella sintió que la engullía el pánico. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-¡¿Dónde está?! – gritó la mujer - ¡¿Y Fernando, dónde está?! ¿Qué le has hecho?&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Damián sujetó a Magdalena por los brazos y la arrastró hacia el interior del cuarto, acorralándola contra una pared. Le tapó la boca con la mano y pegó los labios contra su oreja. Volvió a olfatear el perfume de la mujer y todo ese miedo que le había sentirse poderoso y superior a su flaqueza. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Shhhh…shhhh… Escucha – le susurró – Escucha, Magdalena, estate atenta. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Cobró forma un silencio adventicio, reforzado por el gesto macabro de Damián, y Magdalena aguardó, aterrada y presa. El reloj del campanario, en la lejanía, marcó la una de la madrugada. &lt;i&gt;Dong…&lt;/i&gt;, después silencio de nuevo, y no mucho después, un disparo. Fugaz e hiriente. La mujer se sobresaltó. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Ahí está Fernando – dijo Damián.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Magdalena pudo desmoronarse al comprender que acababan de ajusticiar a Fernando, de hecho, sintió como si desde aquel instante, parte de su vida hubiera perdido su significado; sin embargo, la satisfacción que lucía el párroco en su expresión y en su sonrisa, el demente placer que debía experimentar al haber convertido al cazador en presa, la propia tristeza, el desamparo, la necesidad de una represaria, azuzaron en Magdalena la irracionalidad y la cólera. Revolviéndose furiosamente, consiguió zafarse de Damián y lo atacó obviando el dolor que le inflingían sus propias heridas, con fuerza a pesar de su debilidad física, cargada de ira, resuelta a ser ella la que vengara a Fernando y a su propia dignidad. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Heridos ambos por sendas palizas, los golpes no dejaban de ser débiles. Damián también atacaba con saña y golpeaba a Magdalena con contundencia, pero esta parecía ya inmune al dolor, como si lo anímico desgarrara eclipsara lo físico y la volviera poderosa. Ella le arañaba, le pegaba con los puños muy apretados, lanzaba patadas, incluso mordiscos, que hirieron a Damián en el rostro. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-¡Asesino! – clamó Magdalena cuando una bofetada la hizo rodar lejos del párroco. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;El hombre se estremeció mientras volvía a abalanzarse sobre ella. No le gustó aquella afirmación, como si la mujer le hubiera chillado lo que él se negaba a oír. Había ordenado la muerte de un hombre y no dudaba que la suerte de Magdalena no iba a ser distinta. Pero escuchar y asimilar semejante apelativo, entender que de tal modo iba a ser contemplado desde aquel momento, que había sucumbido en su locura y se había degradado dejándose arrastrar por su obsesión por Magdalena, dilapidó la escasa razón que aún le quedaba. Ella le había abierto las puertas de todos los infiernos posibles y él se había asomado a los mismos de un modo temerario: la lujuria, la ira, la envidia. ¿Por qué Magdalena le había escogido a él como víctima?, ¿y por qué él había consentido entrar en aquel juego? Podía pensar que había fallado a ojos de Dios al no reconducir su conciencia hacia derroteros más espirituales y menos carnales, podía pensar que se había dejado enredar en una maraña de sentimientos imperdonables en un párroco, pero Magdalena, a la que responsabilizaba de toda aquella situación, había sido una tentación difícil de eludir. Entonces Damián, que aún se consideraba un mártir de toda aquella situación, cogió la cabeza de la mujer y la estrelló contra el suelo de cemento. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-¡Calla! – gritó - ¡Tú eres la asesina! A ti hemos sucumbido. Tú nos has llevado a esto, convirtiendo en pecado tu belleza, denegándola después con crueldad. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&amp;gt;&amp;gt;Me sedujiste con esos bailes y esa desvergüenza para mostrarte. Tú me has hecho renegar de mis votos, tú has querido cerrarme las puertas de mi cielo, tú casi has conseguido convertirme en pecador, tú has hecho que yo ordenara asesinar a un hombre. ¿Cómo niegas que eres un monstruo?, ¿cómo me llamas a mi asesino? Tú eres la que arderás en el infierno junto a tu hermano. En realidad, creo que es lo que te mereces. ¡Es lo que os merecéis! Y todo por tu culpa, ¿por qué me provocaste?, ¿por qué me elegiste a mi?, ¿por qué bailaste en mis sueños?, ¿por qué no te dejaste salvar y en su lugar nos condenaste a todos?&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Damián soltó la cabeza de Magdalena. De repente, se dio cuenta de que ella ya no se movía. Un charco brillante y bermejo rodeaba el cráneo aplastado de la mujer. Yacía yerta, al fin derrotada. En su sinrazón, la había golpeado contra el suelo hasta matarla. Aquella belleza divina había dejado de ser controlada por el tentador diablo de la despreocupación y la lujuria. Había perdido su fuerza motriz y pronto no quedaría más que polvo y olvido. Ella ya no era nada, no era ningún poder, no ejercía ningún influjo. Ella ya no era pecado, no era nada que amenazara su sotana, sólo era un cuerpo muerto sobre el que ya podía decidir sin consecuencias. Y amparándose en tales pensamientos, Damián desnudó a Magdalena. Ya no le temía. No acudieron a él los remordimientos cuando pensó que él era el responsable de la muerte de Fernando, ni tampoco cuando, finalmente, poseyó a Magdalena muerta. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif" color="#ffffff"&gt; 
&lt;table style="width:72px;height:70px" cellspacing=0 cellpadding=40 width=72 background="http://storage.msn.com/x1pgliP38XxBL055VOgHvYWwt61FYMnCJcEVaFAXt7aoVVEFtigxfDdihcLVXPGMnitbpe6q2zoeRGqIcxEOFlK2qisMCZmHvbRfY99wGTHCqhuCm7pdLBd9OTr-Z7CdAkoF8h_11x7nGJ0yEsn0SEMfg" border=1&gt;
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&lt;p&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=2703797283152210225&amp;page=RSS%3a+Magdalena+(XI)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=downwhereim.spaces.live.com&amp;amp;GT1=downwhereim"&gt;</description><comments>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!292.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!292.entry</guid><pubDate>Wed, 05 Apr 2006 21:10:58 GMT</pubDate><slash:comments>1</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/cns!2585D14DBEF42931!292/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!292.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-04-07T19:12:41Z</dcterms:modified></item><item><title>Magdalena (X)</title><link>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!291.entry</link><description>&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;No hubo misa aquella tarde. Poco después de comenzar el oficio, el padre Damián, visiblemente alterado, se declaró indispuesto y cerró a cal y canto la iglesia tras invitar a sus feligreses a conformarse con un puñado de padres nuestros rezados ante las cabeceras de sus camas. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Dejó que las horas vespertinas se escurrieran arrodillado ante el altar y su cruz horrenda; mirándose las manos de vez en cuanto, sintiendo que le hervían. Allí se había quedado el tacto suave de la piel de Magdalena, igual que si continuara sobre ella, y aún la acariciara y todavía tuviera la opción de poseerla. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Damián rezaba pero no se arrepentía de lo que había estado a punto de hacer, sólo de lo que no había hecho. Entonaba oraciones sin importarle que en las alturas su dios se tragara su falsa retractación; en su conciencia sólo tenía cabida la rabia por no haber llegado hasta el final con Magdalena. Ya era tarde, sin embargo. Horas antes le había detenido el significado de la sotana que en aquellos momentos le ardía sobre su piel de hombre. Volvía a olerse las manos y se las besaba como si aplicara los labios sobre el cuerpo de la mujer. Magdalena estaba presa en ellas y se estremecía al recordarla. Aquella tarde le habían excitado sus gritos, su miedo, el modo de estremecerse y de someterse finalmente a él. Le había causado placer enfrentarse y denigrar a su pecado. Se había sabido tan superior como estúpido se sentía en aquellos momentos por no haberla tomado, por no haber sabido ver que no había falta en destruir un objeto de tentación, sino salvación al anularlo. Hubiera podido elevarse a la condición de mártir al sacrificarse por todos los otros que también hubieran sucumbido ante aquella Lilith. Con tales demencias se justificaba ante la cruz&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;con tal de no reconocer que, aplastando sus votos, su instinto de hombre se había rebelado. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;El cielo o el infierno no era nada que le importara en aquellos momentos. Sólo se debatía por no arrancar a correr de nuevo en busca de Magdalena. No podía dejar de sentirla en sus manos, como si algo de ellas se hubiera quedado agarrado a sus pechos, la deliciosa tentación. Estaba tan impregnadas de ella que sentía que la necesitaba, que le atormentaba el no tenerla cerca. Le resultaba obsesiva y enfermiza la imagen de aquel cuerpo blanco y tembloroso a su merced. Y temblaba de rabia por haberse retirado salvaguardando su honor de cura. &lt;i&gt;Estúpido, hubiera sido tuya, estúpido. Tú podrías haber puesto fin a todo esto&lt;/i&gt;. Y mientras tanto, continuaba rezando sin escucharse. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif" color="#ffffff"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Entrada la noche y cansado de escarnecerse con la rabia de su torpeza, Damián dejó las oraciones, malhumorado y febril. No se santiguó cuando abandonó la iglesia y entró en la sacristía. Pensaba en dormir para volver a ver, a sentir, a tocar a Magdalena, para culminar en su inconsciencia lo que no había logrado acometer siendo dueño absoluto de sus acciones; pero en algún negro recodo de la crónica de aquel día estaba escrito que nada ocurriría tal y como Damián lo hubiera deseado. El cura cerró la puerta y tan ensimismado andaba que no se percató de la presencia de Fernando hasta que se topó con él y éste descargó su furia contra su rostro. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Tras encontrarse a su hermana tendida en el patio de la casa, magullada, llorosa, aterrorizada, medio desnuda. Tras dejarla aullar y plañir. Después de conseguir que se calmara y, finalmente, tras lograr que le explicara qué había ocurrido durante el breve lapso de tiempo en el que había estado fuera; Fernando había ignorado los ruegos de la mujer y había vuelto a abandonar la casa totalmente ciego de ira. Había llegado a la iglesia, había saltado la verja que daba al huertecillo y a la parte trasera del edificio y había forzado la puerta de entrada a la sacristía. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Sin embargo ante Damian no había un hombre desquiciado resuelto a vengar una falta de honor. Fernando le regalaba al cura la imagen impasible de costumbre, el mismo desprecio en su mirada, el mismo asco en su rictus. Pero estaba furioso. El cura lo averiguaba en sus ojos, en la lividez de su piel, en el modo de respirar. La serenidad dominaba su apariencia, pero la cólera rezumaba por sus poros, se diluía en el aire y alertaba de lo peligroso de aquel encuentro. Damián contemplaba a Fernando con la nariz rota y tirado en el suelo. En todas sus cavilaciones en cuanto a Magdalena, no comprendía cómo no había pensado en su monstruo guardián. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-¿Has venido a matarme? – inquirió sin poder evitar que se le quebrara la voz al verbalizar aquella posibilidad.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Fernando asintió sin alterar el gesto.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-Ni lo dudes, cura. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;A continuación, comenzó a golpearle con una violencia tan desmedida que el párroco comenzó a rezar sus últimas oraciones. Pero no gritó, ni gimió, ni pidió clemencia, ni intentó justificarse u ofrecer alguna explicación desesperada que le salvara la vida. Tampoco encajó los golpes como un castigo o una expiación de su pecado, sino como el producto del odio irracional que Fernando sentía hacia la institución eclesiástica y que descargaba injustificadamente sobre él. Hasta que llegó el momento en el que dejó de sentir dolor, en el que un golpe se solapaba a otro y el propio aturdimiento le insensibilizaba. Y ni aun entonces, a punto de morir a manos de aquella criatura enfurecida; ni siquiera entonces, pudo apartar a Magdalena de su pensamiento.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-Cura hipócrita, ¿cómo te atreviste a tocarla?&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Damián se encontró, de repente, con el cuello atrapado entre las manos de Fernando, zarandeado como si fuera poco más que un pelele. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-¿Y qué más os dará a vosotros? – se defendió intentando aflojar la presión alrededor de su nuez – Yo os vi fornicando como perros en celo. ¿Qué tiene de puro e intocable el cuerpo de tu hermana? Ella misma se vende a la lujuria. ¿Y por qué yo no? De lo único que me arrepiento es de no haber podido llegar hasta el final. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Fernando le golpeó de nuevo. Consideró que Damián era valiente al no amedrentarse a la hora de hablar; pero aquella declaración no hizo más que incrementar su rabia. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-Ella no es mi hermana – respondió – Ahora que voy a matarte déjame que te diga que es mi compañera, que a ambos nos persigue la justicia y que por eso tuvimos que escondernos aquí y simular ser familia. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Damián se atrevió a esbozar una mueca de sarcasmo.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-¿Y qué más da? Habéis nacido para pecar, está en vuestra naturaleza. Convivís sin haber conocido el sacramento del matrimonio, os acostáis por puro vicio, vivís en una mentira que se entrelaza a otra y a otra y a otra, y que trasladáis a todo el pueblo. Cuántos pecados.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Entonces, fue Fernando quien se sonrió.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-¡Qué propio de un cura encontrar pecado allá donde dirija su mirada! Puedo amar a Magdalena más que cualquier hombre casado pueda amar a su mujer. No necesito del beneplácito de una institución arcaica para ser feliz a su lado sin remordimientos – dijo – Pecado, siempre con el mismo cuento. Aunque quizás no andes desencaminado. Magdalena es pura inocencia, sin embargo, ¿quieres escuchar mis atrocidades para poder enorgullecerte de tu perspicacia antes de morir? Pues te diré que entre mis crímenes se encuentran los de haber violado a monjas que juraría gozaron del encuentro, el haber saqueado e incendiado iglesias y, por supuesto, haber matado a curas. Y que disfruté haciéndolo. Tú vas a ser el próximo, y te juro que sufrirás como no sufrieron los otros. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Fernando arrastró al cura de vuelta a la iglesia y allí lo dejó caer ante el altar donde poco antes Damián se había maldecido por no haber violado a Magdalena. Y aún no se arrepentía, ni aún habiendo despertado la furia del monstruo guardián, ni aún estando a punto de fenecer a causa de su debilidad como hombre. Y soportó los golpes, uno tras otro, las patadas, los puñetazos, lamentándose de morir sin haberle mordido el cuello a Magdalena, sin haberle arañado el pecho, lamido el lóbulo de sus orejas o haberla penetrado. Hasta que sintió un dolor más agudo que el resto, más afilado, más sutil, menos brusco. Entonces, volvió a verse ante Fernando y cómo éste le había clavado en el hombro su cruz, aquella pieza gris y anticuada.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-Tú me hacías besarla – gruñó Fernando – Yo te la voy a hacer tragar. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;En aquel momento, se escuchó un fuerte estruendo en la sacristía, y el sonido de pasos acelerados y gritos nerviosos. Antes de que Fernando tuviera tiempo de reaccionar, dos guardias civiles entraron en la iglesia y lo apuntaron con sus armas. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-Maldito loco, ¡alto!&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Sabiéndose atrapado, Fernando sólo procuró terminar lo que había venido a hacer. Enarboló desesperadamente la cruz y la dejó caer contra el pecho de Damián. Sin embargo, los agentes se echaron sobre él y lo apartaron del cura truncando sus intenciones. Se revolvió entonces, frustrado y obcecado.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;La anciana que había alertado a los guardias cuando vio al pastor del pueblo saltar la verja de la iglesia y forzar la puerta de la sacristía, se acercó al cura y entre gritos y lamentos procuró informarse de su estado. Tras ella entró un cabo, que puso fin a los forcejeos de Fernando al golpearle con la culata de su arma. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-¿Está bien, padre? – preguntó – Por Dios, mujer, deje de incordiar y vaya a buscar al médico. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;La atribulada vieja se apresuró a obedecer la orden sin dejar de santiguarse ni de lanzar gimoteos ni susurros ininteligibles. El cabo ordenó a sus agentes que se llevaran a Fernando al cuartelillo. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-Se rumoreaba que era rojo – dijo – Iremos a detener también a la hermana. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-No, espere – terció Damián – Antes de cursar ninguna orden, hablemos.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face=Verdana color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;
&lt;table style="width:72px;height:70px" cellspacing=0 cellpadding=40 width=72 background="http://storage.msn.com/x1pgliP38XxBL055VOgHvYWwt61FYMnCJcEVaFAXt7aoVVEFtigxfDdihcLVXPGMnitbpe6q2zoeRGqIcxEOFlK2qisMCZmHvbRfY99wGTHCqhuCm7pdLBd9OTr-Z7CdAkoF8h_11x7nGJ0yEsn0SEMfg" border=1&gt;
&lt;tbody&gt;
&lt;tr&gt;
&lt;td width="98.5%"&gt;
&lt;p&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p align=right&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=2703797283152210225&amp;page=RSS%3a+Magdalena+(X)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=downwhereim.spaces.live.com&amp;amp;GT1=downwhereim"&gt;</description><comments>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!291.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!291.entry</guid><pubDate>Fri, 31 Mar 2006 21:04:56 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/cns!2585D14DBEF42931!291/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!291.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-04-07T19:13:14Z</dcterms:modified></item><item><title>Magdalena (IX)</title><link>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!288.entry</link><description>&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Un mediodía de canícula, mientras despedía a sus feligreses después de la misa y corría un airecillo como escapado del vientre del infierno, Damián vio a Fernando parado junto a la entrada del ayuntamiento. El alcalde, que abandonaba la iglesia en aquel momento, salió presurosamente a su encuentro y le estrechó efusivamente la mano antes de invitarle a entrar en la casa consistorial. Y ambos desaparecieron.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;En aquellos meses de alejamiento, Damián no había logrado olvidar a los hermanos; muy al contrario, cada día había sido una lucha contra el deseo de visitarles, de ver de nuevo a Magdalena y odiar un poco más a Fernando. A ella la soñaba continuamente, la veía sólo con cerrar los ojos. Era un recuerdo nítido, perfecto, casi físico. Hubiera podido acariciarla, tocarla, besarla en sueños y seguramente hubiera experimentado la misma sensación de placer. Hubiera podido conformarse con el estremecimiento de sentir en la intimidad de su subconsciente la piel de Magdalena contra la suya, pero incluso ahí estaba Fernando. Él era el monstruo que la protegía, que no permitía que se acercara a ella. Ni siquiera en sueños la liberaba y ni siquiera en sueños podía deshacerse de él. Y era su presencia, justamente, su ineludible presencia, la que alimentaba día tras día la obsesión del párroco por Magdalena. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Cuando Damián vio de nuevo a Fernando después de tanto tiempo, cuando el monstruo reapareció, se volvió real, cuando le recordó que no era sólo el villano de sus sueños, el único pensamiento que le ocupó, por encima de gritar públicamente el incesto que presenció y entregarlo a las autoridades, fue el de saber, justo en aquel instante, a Magdalena sola en el hogar. Allí la imaginó, y la imaginó para él, desprovista de la protección de su hermano, tal vez desvalida, o desorientada sin el control del tirano. Sin detenerse a razonar, obedeciendo ciegamente al impulso que lo asaltó, Damián se olvidó de su parsimonioso burrito de plata, cogió la bicicleta y puso rumbo hacia el hogar de los hermanos. Qué haría cuando ¡por fin! estuviera a solas con Magdalena era una incógnita para la que ni él mismo tenía respuesta. Imaginar o planificar aquel encuentro mientras pedaleaba con exagerada velocidad hacia aquella casucha a las afueras del pueblo carecía de sentido, porque cualquier intento de argumentación, cualquier gesto, cualquier acto previsto de antemano, caería en cuanto la tuviera ante él. La ofuscación, el miedo, los nervios, el deseo, la alegría, el odio, el asco, las tribulaciones que rebullirían en su pecho le conducirían a actuar de un modo totalmente imprevisto. Estaba dispuesto a dejarse dominar por aquella irracionalidad, aunque no estuviera seguro de poder soportar las consecuencias de sus actos.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Llegó una vez más al hogar de los hermanos, una vez más encontró la puerta abierta y una vez más entró amparándose en la autoridad de su alzacuellos. Lo que turbó terriblemente el ánimo de Damián fue dar con Magdalena en el mismo lugar, en la misma postura, ante el mismo barreño; aunque en esta ocasión estuviera vestida y se dedicara a lavar la ropa. Le asaltaron recuerdos que desechó inmediatamente. No quería pensar en Fernando, no quería pensar en lo que vio. Salió decididamente al patio concentrado sólo en aquel momento y se detuvo tras la mujer. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-¿Ya estás de vuelta? ¿Para qué te ha hecho llamar el alcalde?&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Magdalena se volvió alegremente, pero al toparse con Damián, su sonrisa se esfumó y lividez y alarma ocuparon su rostro. Tal vez fuera la sorpresa, o quizás la expresión indefinible de la faz de Damián, o el hecho de que él sudara, que apretara los puños, o que temblara de pies a cabeza sin parecer sereno ni cuerdo. No era la ausencia de Fernando, era la presencia de Damián. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Padre, ¿qué hace aquí? – susurró.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Ella se acercó enjuagándose las manos en los bordes de su blusa. El cura reunió valor para mirarla a la cara, a sus ojos verdes y a sus labios rojos. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Pero qué guapa eres – dijo, esbozando la sonrisa de un vencido. Después la abofeteó con una fuerza desmesurada.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Su mano se había llenado de ira, vergüenza, frustración, miedo, impotencia, asco. Eran sensaciones reverberaban en su cabeza y le asfixiaban el pecho. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Ella cayó, se golpeó con el barreño y el agua y la ropa se derramaron. Allí quedó tendida, envuelta en un charco de jabón y agua sucia, asustada.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Tú has querido seducirme, pérfida – jadeó Damián cogiendo sus rizos pelirrojos y estirando de ellos – Como has hecho con tu hermano. Yo lo vi todo. Le vi disfrutando de tu belleza, gozando de tu cuerpo. Os vi ajenos al pecado, pendiente sólo de vuestro placer aún a costa de vuestras almas. A eso te dedicas, en eso inviertes toda la belleza que Dios te ha dado, a atraer a pobres desgraciados a tu cubil. ¡Cómo mancillas el don con el que el Señor te ha tocado! Mala mujer, tú gozas del pecado y para tu estancia en el infierno quieres llevarte contigo a todos los que encandilas. No he visto nunca remordimientos en tus ojos, sólo ardor y lujuria. Qué alma tan sucia.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Magdalena se revolvió intentando escapar, pero una patada en las costillas la derribó de nuevo. Gimió por el dolor, y lloró a causa del miedo. A penas había conseguido escucha las palabras de Damián y a penas había logrado comprender por qué se ensañaba con ella. Se arrastró hasta donde se lo permitieron los repetidos golpes, y después se limitó a cubrirse la cabeza con las manos y a hacerse un ovillo a la espera de que terminara aquella paliza que carecía de sentido para ella. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Damián la azotaba con alguna pieza de ropa mojada. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Aquella situación, todo el pavor que sentía, el dolor, la incertidumbre, el saberse a merced de su agresor y de si éste saciaría su cólera antes de llegar a matarla, le recordaron a Magdalena los malos tiempos de la guerra; aquel preciso día, aquella tarde; como si se repitiera la historia, que no había tenido suficiente con escupirla y denigrarla en una ocasión. Tenía el cuerpo paralizado, no sentía; la mente invadida por un incesante zumbido, no escuchaba; el dolor, insoportable al principio, ya no era físico, era la traidora vida lo que le dolía. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Al cabo de un rato, los golpes cesaron. Se hizo un silencio que no anunciaba calma, sino otra clase de pesadilla. Cuando Magdalena notó que la empujaban boca arriba y que un peso enorme se recostaba sobre ella y la inmovilizaba, gritó aterrorizada hasta que Damián le cubrió la boca con el mismo pantalón con el que había estado golpeándola. La invadió el horror a revivir de nuevo la pesadilla de hombres desnudos abusando de ella. &lt;em&gt;No, no, no&lt;/em&gt;. Como si volviera a verse en aquel cuarto, como si volviera a verse sujeta por aquellas manos rugosas, enmudecida por aquel pedazo de tela maloliente, observada por aquellos desconocidos que la habían desnudado, que sorteaban a cara o cruz quien se bajaría los pantalones primero, se revolvió furiosamente pretendiendo escapar. Pero la fuerza de un hombre dominado por la locura es incalculable y ella estaba demasiado débil después de la paliza. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Y yo que pretendía salvar tu alma… resulta que he perdido la mía.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Magdalena escuchó aquellos susurros antes de sentir cómo le desgarraban la blusa. En defensa propia, fue su propia conciencia la que acabó disgregándose. Apenas notó unas manos heladas sobre sus pechos y ya no sintió nada más. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Mientras se resistía a sus forcejeos, le tapaba la boca y le abría la blusa, Damián se encontraba poseído por un frenesí que a duras penas le permitía razonar en lo que estaba haciendo. Sin embargo, al posar sus dedos ansiosos sobre los senos de Magdalena y apretarlos, sintió que el contacto ardiente de la piel de la mujer le repelía. Como una bofetada de realidad y conciencia, el cura se apartó de la mujer, se incorporó, asumió lo que había estado a punto de hacer y comprendió. Ella era sólo una prueba, una trampa del Señor o del diablo que ponía a prueba su castidad y sus votos. Él era hombre, pero por encima de todo era sacerdote. Le enfureció pensar en la mujer como un desafío.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Casi lo consigues… &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Le dio una última patada en el costado y se marchó. Magdalena se cubrió y volvió a hacerse un ovillo mientras lloraba amargamente. &lt;em&gt;No, no, no.&lt;/em&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;em&gt;&lt;font face=Verdana&gt;&lt;/font&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;
&lt;table style="width:72px;height:70px" cellspacing=0 cellpadding=40 width=72 background="http://storage.msn.com/x1pgliP38XxBL055VOgHvYWwt61FYMnCJcEVaFAXt7aoVVEFtigxfDdihcLVXPGMnitbpe6q2zoeRGqIcxEOFlK2qisMCZmHvbRfY99wGTHCqhuCm7pdLBd9OTr-Z7CdAkoF8h_11x7nGJ0yEsn0SEMfg" border=1&gt;
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&lt;p&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=2703797283152210225&amp;page=RSS%3a+Magdalena+(IX)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=downwhereim.spaces.live.com&amp;amp;GT1=downwhereim"&gt;</description><comments>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!288.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!288.entry</guid><pubDate>Wed, 22 Mar 2006 21:10:03 GMT</pubDate><slash:comments>1</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/cns!2585D14DBEF42931!288/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!288.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-04-07T19:13:50Z</dcterms:modified></item><item><title>Magdalena (VIII)</title><link>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!287.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Ser testigo de aquel acto repulsivo y reprobable ahondó en la obsesión del párroco por los hermanos hasta el extremo del desequilibrio mental. Elevó la belleza a la categoría de pecado capital y criticó, humilló y escarneció los encantos del cuerpo femenino con tanto fervor y convencimiento que su doctrina caló fácilmente en las rústicas mentes de sus fieles. Lo bello se tildó de horrendo y lo horrendo se elevó a la categoría de fiable. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;La cruzada misógina de Damián condujo en su iglesia a la separación fde hombres y mujeres, y a un profundo temor al deseo y a los instintos sexuales. El cura advertía a los maridos de que debían vigilar de cerca a sus mujeres (y aumentaron los celos y malos tratos) y a los cabeza de familia de que debían velar por la castidad de sus hijas (y se rompieron muchos compromisos). También habló de los horrores del incesto (y muchos padres confundieron cariño fraternal con pecado)&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;El pueblo enloqueció tanto como su párroco. Las mujeres eran peligrosos monstruos y el confesionario cada día se llenaba de pueblerinas lamentándose de su sexo y atributos. Damián les aconsejaba sobriedad y que no se pasearan ni hablaran con hombres más de lo necesario. Algunas acudían para preguntarle si su buen ver podía cerrarles las puertas del cielo, pero ninguna poseía una belleza capaz de rivalizar con la de Magdalena y, tras escucharlas, Damián se burlaba de ellas por creerse hermosas y sobre sus tribulaciones dejaba caer el peso del pecado de la vanidad.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Damián intentó por todos los medios olvidarse de Magdalena y Fernando. &lt;span&gt; &lt;/span&gt;Incluso dejó de visitar a los impedidos en su borriquillo de plata. No abandonaba la iglesia por no toparse con los hermanos y no preguntaba por ellos creyendo que así aquella visión, la desnudez, los instintos, el sexo, el incesto, perderían fuerza en su memoria hasta dejar de herirle. Pero no fue así. Noche tras noche, Magdalena acudió al letargo de Damián y, noche tras noche, él deseó tenerla para sí. Además, ella ya no bailaba en sus sueños, sino que se le ofrecía desnuda, blanca y ansiosa. Siempre susurraba su nombre con los brazos extendidos hacia él: &lt;i&gt;Damián&lt;/i&gt;, decía, &lt;i&gt;ven.&lt;/i&gt; No dudaba entonces (y esto le horrorizaba cuando se despertaba) en salir decididamente al encuentro de Magdalena. Sin embargo, cuando estaba a punto de rozarla, de sentirla, de someterla a él, unos robustos brazos surgían de la nada, la rodeaban y la alejaban. Era Fernando quien entonces le besaba el cuello y le acariciaba el cuerpo, y quien lo miraba a él con burla y regodeo. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;line-height:150%;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;El deterioro mental y físico del cura fue agudizándose aceleradamente día tras día. Por las noches no dormía por miedo a soñar y durante el día larvaba obsesivamente el modo de poner fin a aquella situación. Hasta que definitivamente se rompió el fino hilo de su cordura. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif" color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt; 
&lt;p&gt;
&lt;table style="width:72px;height:70px" cellspacing=0 cellpadding=40 width=72 background="http://storage.msn.com/x1pgliP38XxBL055VOgHvYWwt61FYMnCJcEVaFAXt7aoVVEFtigxfDdihcLVXPGMnitbpe6q2zoeRGqIcxEOFlK2qisMCZmHvbRfY99wGTHCqhuCm7pdLBd9OTr-Z7CdAkoF8h_11x7nGJ0yEsn0SEMfg" border=1&gt;
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&lt;p&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=2703797283152210225&amp;page=RSS%3a+Magdalena+(VIII)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=downwhereim.spaces.live.com&amp;amp;GT1=downwhereim"&gt;</description><comments>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!287.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!287.entry</guid><pubDate>Mon, 20 Mar 2006 21:57:16 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/cns!2585D14DBEF42931!287/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!287.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-03-21T15:38:18Z</dcterms:modified></item><item><title>Magdalena (VII)</title><link>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!283.entry</link><description>&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Por San Pedro se celebraban las fiestas del pueblo. El 29 de junio se libraba y, por tradición, se sacaba al santo en procesión y después se oficiaba una misa multitudinaria en la plaza mayor a la que seguía una comida popular.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Damián había conseguido preparar un sermón alegre y despreocupado que no desluciera el jolgorio de aquella jornada. Había esperado encontrar a los hermanos en el oficio, aunque sólo fuera por el hecho de que carecían de excusa para no acudir: las ovejas estaban en el establo y el pueblo entero en la plaza. Pero después de pasear la mirada por cada uno de los asistentes, asumió que no se encontraban entre los presentes; y aquel sermón festivo no alteró su contenido, pero la agria expresión que adoptó la faz del párroco y el trémulo y resentido tono que empleó, lo vaciaron de significado. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Después de la comida (migas, chorizo, tocino, sardinas fritas y mucho vino tinto), el pueblo se recogió para dormir la siesta, y Damián aprovechó aquella calma para montar en su burrito argénteo y dirigirse al hogar de los hermanos. Se preguntaba, rabioso, que excusa le pondrían y se debatía, a la par, entre denunciarlos finalmente a las autoridades franquistas o proseguir con su lucha contra la indiferencia religiosa de ambos y, sobretodo, contra el embrujo que lo mantenía tan pendiente de ellos. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Al llegar la casa de Magdalena y Fernando, vieja, cochambrosa, como si todavía estuviera abandonada, encontró la puerta abierta (extraña costumbre pueblerina) y no dudó en entrar sin anunciarse con la autoridad que creía le otorgaba la sotana. Fue asomándose por cada estancia, comprobando que los hermanos vivían austeramente y sin conseguir dar con ellos, hasta que unas risas lo condujeron hasta el amplio corral. Pretendía abordarlos y reprenderlos con severidad por su desidia, pero al distinguir a Magdalena se detuvo en seco y la furia que lo había guiado hasta allí se tornó azoramiento y sonrojo. Y una vez más se escondió para evitar que le descubrieran. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;En el corral, Magdalena estaba arrodillada sobre una toalla blanca e inclinada ante un enorme barreño lleno de agua. Completamente desnuda, usaba un cazo para empaparse y, de vez en cuando, escurría su largo cabello para dejarlo caer de nuevo sobre su espalda, como fuego sobre nieve. Entendió el cura, sin aliento, temblando, con la garra de la tentación hincada por debajo del vientre, que había algo de antinatural en la belleza de Magdalena, algo que se burlaba y despreciaba la del resto de las mujeres del pueblo. No era su cuerpo, perfecto como si proviniera directamente de las manos orfebres de Dios, sino lo níveo de su piel, que se burlaba del sol bajo el cual danzaba, y lo delicado y frágil de sus formas, ajenas al castigo del trabajo, dispensador de rudeza y tosquedad. Ella era un cisne inclinado sobre un estanque, ahuecándose la humedad de sus alas para rápidamente volverse a mojar y a estremecerse. Y dentro del estanque, había un zorro con ojos famélicos. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Damián se sobresaltó. ¿Cómo no había visto antes a Fernando dentro del barreño?, ¿tanto le había omnibulado la desnudez de Magdalena? Él sacaba los brazos y las piernas, y mantenía el cuerpo hundido en el agua. A veces salpicaba a su hermana y ambos reían. Pero aquella sonrisa en los labios de Fernando era nueva para Damián. Se desnudaba del sarcasmo y la alerta, de la resignación, de la violencia, de la amenaza que habitualmente le eran propias. En aquellos momentos había felicidad y calma en su espíritu y en su risa. Jugaban entre ellos. Desde luego, nada de anormal hubiera tenido un juego así entre dos niños, pero Fernando y Magdalena eran dos personas adultas y ajenas a la ingenuidad de los primeros años de vida, y no había ni un ápice de inocencia en aquellos chapoteos. Cuando Magdalena vertía agua sobre el pecho de Fernando y después lo acariciaba o lamía aquellas perlas, a Damián le ardía el torso como si de algún modo aquellos dedos y aquella lengua le tentaran a él. Sin embargo, si Fernando atrapaba entre sus manos la faz de su hermana y la&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;atraía para besarla, le recorría el cuerpo una electricidad violenta que paralizaba todos sus miembros. &lt;i&gt;¡Incesto!, ¡INCESTO!&lt;/i&gt;, se decía. ¿Cómo había soñado en algún momento con reorientar hacia el buen camino de Dios a aquellos dos animales? Criaturas degradadas, podridas, insalvables. No concebía pecado más repugnante. Y mientras tanto, los contemplaba con avidez y morbosidad, consciente de su deber de detener aquella aberración intolerable, pero incapaz de moverse y, por lo tanto, pecando al convertirse en espectador y cómplice de aquella infamia. ¿Iba a acabar él finalmente enredado en la tenebrosa red que tejían y protegía a los hermanos cuando lo que había pretendido había sido salvarles de ella? Buscó fuerza para apartar la mirada y marcharse, y la oportunidad le llegó cuando Fernando salió del barreño y se tumbó sobre Magdalena. No tuvo valor para presenciar la culminación de aquel repugnante juego. La idea de contemplar cómo Fernando poseía a su propia hermana le resultaba insoportable. La idea de imaginarse a Magdalena rozada por las manos ávidas de cualquier hombre le resultaba insoportable. Vapuleado por un sinfín de pensamientos, sentimientos e imágenes que continuamente le remitían a lo que acababa de presenciar, logró retirarse con las piernas vueltas de gelatina.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Regresó a la iglesia. Pero en su cuarto, todo cuanto había visto reverberó en su mente con una fidelidad dolorosa hasta que, avergonzado, con los puños apretados y con lágrimas en los ojos, Damián reconoció que hubiera deseado estar en el lugar de Fernando. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif" color="#ffffff"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p align=right&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;
&lt;p&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;span&gt;&lt;font face=Arial color="#000000"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div align=left&gt;
&lt;table style="width:72px;height:70px" cellspacing=0 cellpadding=40 width=72 background="http://storage.msn.com/x1pgliP38XxBL055VOgHvYWwt61FYMnCJcEVaFAXt7aoVVEFtigxfDdihcLVXPGMnitbpe6q2zoeRGqIcxEOFlK2qisMCZmHvbRfY99wGTHCqhuCm7pdLBd9OTr-Z7CdAkoF8h_11x7nGJ0yEsn0SEMfg" border=1&gt;
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&lt;p&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=2703797283152210225&amp;page=RSS%3a+Magdalena+(VII)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=downwhereim.spaces.live.com&amp;amp;GT1=downwhereim"&gt;</description><comments>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!283.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!283.entry</guid><pubDate>Tue, 14 Mar 2006 21:11:13 GMT</pubDate><slash:comments>1</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/cns!2585D14DBEF42931!283/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!283.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-03-17T06:24:12Z</dcterms:modified></item><item><title>Magdalena (VI)</title><link>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!278.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Poco a poco, con el paso del tiempo, el padre Damián comenzó a experimentar una confusa desazón cuando no estaba cerca de los hermanos espiando la alegría que derrochaban. En especial, empezó a sentir que necesitaba de Magdalena, de sus giros, de sus palmas, de sus contoneos, de cada golpe de sus caderas y de cada enérgico movimiento de sus brazos.&lt;span&gt;  &lt;/span&gt;Sentía (y le repugnaba la certeza) que le atraían sus ojos verdes, el sol atrapado en sus cabellos de cobre, su sonrisa nacarada, cada curva, cada perlita de sudor empapando el nacimiento de sus senos blancos. Pensaba a menudo que una belleza como la de la mujer tenía que ser artimaña del diablo y por ello comenzó a implorarle al cielo la fortaleza necesaria para enfrentarse a un desafío semejante sin desfallecer; un ruego que también incluía a Fernando. Porque si ella era pecado y deseo, él era maldad y peligro, o tales rasgos le atribuía a la insoldable alma negra que adivinaba en el hermano de la mujer.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Fernando y Magdalena no se percataron del progresivo cambio que fue sufriendo Damián. Ellos o estaban ocupados intentando esconderse de él o irritados cuando daba con ellos o ausentes mientras les oficiaba la misa y esgrimía su horrible cruz. Sin embargo, sus feligreses sí advirtieron que algo turbaba profundamente a su pastor. En poco tiempo se adelgazó en extremo, se volvió descuidado en cuanto a su aspecto y su expresión se tornó taciturna y agotada, como si algo le impidiera descansar. El pueblo, por supuesto, murmuró, aunque siempre con el respeto y la cautela que merecía un representante de Dios y de la iglesia. A nadie se le escapó que algo oscuro torturaba al párroco, que incluso alteró el contenido de sus sermones. Damián se olvidó de las doctrinas que durante años se había afanado en inculcarles. La caridad, la ayuda al prójimo, la humildad, la generosidad y la austeridad dejaron paso a oscuros alegatos sobre lo repugnante de la lujuria, lo despreciable de la vanidad, lo peligroso de la belleza, lo pecaminoso del deseo y lo abominable de la sexualidad. El cuerpo femenino y el dominio sobre los bajos instintos se convirtieron en una obsesión para el pobre cura, y desde el púlpito cargaba furiosamente con la mujer y el sexo.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;El descarrío de Damián lo condujo al extremo de olvidar que el tiempo se escurría mientras él se ocultaba para ver cómo Magdalena bailaba, jugaba con los perros, conversaba con Fernando o, simplemente, respiraba, y a olvidar, sino todas, muchas de las misas que tenía que oficiar. Y como si echara raíces en cuanto la mujer entraba en su campo de visión, permanecía inmóvil y absorto hasta que algún gesto o palabra de Fernando, aún balido o ladrido anormalmente alto quebraba el influjo que le mantenía pendiente de ella; o bien, hasta que los hermanos le descubrían y él les recriminaba, azorado, su pereza y el abierto desinterés que demostraban en cuanto a sus obligaciones con la iglesia. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Pero como si no fuera suficientemente mortificante que la imagen de Magdalena lo acosara durante el día, también vino a turbarle en las horas más nocturnas en forma de pesadillas. Porque para el sacerdote nada tenía de placentero que aquella mujer se le apareciera en sueños y bailara para él, que le invitara a respirar el perfume de su cabello suelto y vivo, que le ofreciera beber del sudor de su escote y le provocara con sus labios carnosos entreabiertos. Ella le llamaba insistentemente entre risas y sonrisas, giraba y se contorneaba mientras le aguardaba y seducía. Pero cuando él se acercaba (no sabía bien si para reprenderla o entregarse al pecado), tras ella aparecía la faz enorme e imperturbable de Fernando, muy pendiente de su hermana. Entonces, ella se encogía de hombros y se desvanecía.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;¿La deseo o la odio?&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;, se interrogaba Damián cuando se despertaba, sudoroso y jadeante, forzado a imponerse severas penitencias que quizás le aseguraban el perdón de Dios, pero que no conseguían arrancar a Magdalena de su mente.&lt;/font&gt; &lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;
&lt;p&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt; 
&lt;p&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div align=left&gt;
&lt;table style="width:72px;height:70px" cellspacing=0 cellpadding=40 width=72 background="http://storage.msn.com/x1pgliP38XxBL055VOgHvYWwt61FYMnCJcEVaFAXt7aoVVEFtigxfDdihcLVXPGMnitbpe6q2zoeRGqIcxEOFlK2qisMCZmHvbRfY99wGTHCqhuCm7pdLBd9OTr-Z7CdAkoF8h_11x7nGJ0yEsn0SEMfg" border=1&gt;
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&lt;div&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=2703797283152210225&amp;page=RSS%3a+Magdalena+(VI)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=downwhereim.spaces.live.com&amp;amp;GT1=downwhereim"&gt;</description><comments>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!278.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!278.entry</guid><pubDate>Thu, 09 Mar 2006 21:57:42 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/cns!2585D14DBEF42931!278/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!278.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-03-17T06:23:37Z</dcterms:modified></item><item><title>Magdalena (V)</title><link>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!274.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Desde aquel momento, el rebaño se movía cada día y se le localizaba en parajes cada vez más distantes y ocultos. Pero a pesar de los constantes esfuerzos de los hermanos por escabullirse del padre Damián, éste nunca dejó de dar con ellos. Claramente le evitaban y el cura era muy consciente de que su presencia enturbiaba el disfrute del que gozaban en pareja. Cuando cantaba la misa, Magdalena guardaba silencio y se perdía enredándose en pensamientos que la mantenían muy alejada de sus sermones y Fernando, al contrario, se removía visiblemente irritado y sin disimular que se mordía la lengua para no rebatir la mayor parte de las frases y opiniones del oficio. Quizás otro cura hubiera arrojado la toalla y no hubiera dudado en delatar a los hermanos ante las autoridades franquistas, sin embargo, Damián no perdía la fe en rescatar a aquellas dos criaturas del abismo al que se habían asomado.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Cuando él encontraba a los hermanos siempre los hallaba enfiestados. Normalmente, Magdalena bailaba y Fernando la jaleaba. En otras ocasiones, jugaban con los perros o las ovejas y, a veces, los había espiado mientras charlaban animadamente de cosas sin mucha importancia.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Sentía la irreprimible necesidad de contemplarlos a hurtadillas antes de presentarse ante ellos. Su jolgorio le resultaba abyecto y deplorable. Le herían aquellas fiestas, sobretodo cuando pensaba en cómo ellos justificaban su ausencia a las misas alegando estar sumamente ocupados. Muy especialmente, le despertaba una profunda aversión las danzas de Magdalena. Pero tal y como suele ocurrir con cualquier visión desagradable, le resultaba tan complicado mantener la mirada como tenerla apartada. Le irritaban profundamente sus movimientos y su energía. ¿Qué necesidad tenía de realizar aquellos contoneos frenéticos, sinuosos y provocadores?, ¿por qué bailar hasta la extenuación, el sudor y los jadeos?, ¿qué pretendía exhibiéndose así ante su hermano, que la contemplaba con un extrañísimo e indefinible brillo en los ojos? Verla era como mantener la mirada fija en un fuego, hería, pero hipnotizaba.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;De las extrañas misas que el párroco oficiaba allá donde encontrara a los hermanos y bajo cualquier circunstancia, lo que más molestaba a Fernando y regodeaba a Damián era el momento en que el segundo hacía besar al primero la cruz de Cristo. Aquella vieja reliquia que el cura siempre llevaba en su zurrón era muy apreciada por éste y la empleaba contra aquellos que no acudían a la iglesia para infundirles pánico por su dejadez. Era un objeto realmente horrendo; gris, liso y lúgubre, sin ninguna clase de adorno o engarce. Sostenido por una base redondeada de acero, aquella antigüedad era lo más parecido a dos cuchillos entrecruzados cuyos extremos semejaban puntas de flecha bien afiladas. Junto con una vieja Biblia de tapas de piel negra raída, era de lo único que precisaba para oficiar sus misas fuera de la iglesia. Damián se percataba de que Fernando torcía el gesto cada vez que le acercaba la cruz, como si en lugar de besarla hubiera preferido escupir sobre ella. Magdalena, más dócil que su hermano, se cuidaba de no hacer muecas que pudieran delatar su escasa fe mientras besaba la cruz, pero apenas llegaba a rozarla con sus labios rojos, como si lo que le estuviera tendiendo fuera un peligroso hierro candente. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Damián no dudaba de que aquel simple gesto les hería profundamente, tanto por sus condiciones políticas (arraigadas y mal disimuladas) como por lo descarriado de sus almas. A lo primero no le otorgaba excesiva importancia, en cuanto a lo segundo, el párroco sabía que vérselas con los hermanos iba a significar para él una lidia dura de consecuencias imprevistas. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt; 
&lt;div align=left&gt;
&lt;table style="width:72px;height:70px" cellspacing=0 cellpadding=40 width=72 background="http://storage.msn.com/x1pgliP38XxBL055VOgHvYWwt61FYMnCJcEVaFAXt7aoVVEFtigxfDdihcLVXPGMnitbpe6q2zoeRGqIcxEOFlK2qisMCZmHvbRfY99wGTHCqhuCm7pdLBd9OTr-Z7CdAkoF8h_11x7nGJ0yEsn0SEMfg" border=1&gt;
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&lt;div&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=2703797283152210225&amp;page=RSS%3a+Magdalena+(V)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=downwhereim.spaces.live.com&amp;amp;GT1=downwhereim"&gt;</description><comments>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!274.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!274.entry</guid><pubDate>Sat, 04 Mar 2006 23:58:41 GMT</pubDate><slash:comments>1</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/cns!2585D14DBEF42931!274/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!274.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-03-07T17:54:03Z</dcterms:modified></item><item><title>Magdalena (IV)</title><link>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!272.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Cuando el temor por el descarrío de estas dos almas se le hizo insoportable a la comprometida conciencia del padre Damián, el cura salió en busca de aquellas ovejas extraviadas en caminos tenebrosos. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Un mediodía, después de visitar a unos ancianos que vivían a las afueras del pueblo, el cura encarriló su burrito de plata allá donde Fernando solía tener a las ovejas pastando. Mientras se acercaba, escuchó sobreponiéndose a los balidos del rebaño, cierta cancioncilla entonada por una voz femenina y acompañada por el sonido de unas palmas. Guiado por aquel júbilo, encontró a los hermanos bajo la sombra de un árbol.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Fernando era quien tocaba las palmas. Estaba sentado y ante él se disponía lo que parecían los restos de la comida del día: un mantel con restos de embutido, migas de pan y una botella de vino. Magdalena cantaba y bailaba. Damián la observó mientras giraba sobre sí misma interpretando la tonadilla. Tenía la frente y los cabellos perlados de sudor, y el escote húmedo y abierto. Se recogía la falda para moverse con mayor gracilidad, dejando a la vista sus pies blancos, su finos tobillos, sus delgadas rodillas y sus muslos firmes y bien torneados. Semejante despreocupación hirió al cura, que siempre había imaginado a los hermanos demasiado ocupados como para poder asistir a los oficios. Tamaña ociosidad le lastimó tanto como la estampa del baile de Magdalena, tan frenético y sensual que podía tildarse de pecaminoso.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Buenas tardes, hijos míos – dijo, notándose la garganta seca.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;El canto, el baile, las palmas se detuvieron súbitamente. Se esfumó la alegría sin que quedara un leve rescoldo de ella. La llegada del cura ensombreció el ambiente como si una inoportuna nube borrascosa hubiera eclipsado el radiante sol que había venido luciendo para los hermanos. Fernando contempló al cura sin ocultar el fastidio que le había provocado su llegada, conminándole a marcharse ‘en paz’ por donde había venido. Magdalena se sentó rápidamente junto a su hermano arreglándose el cabello revuelto y los pliegues de su falda. Ella miraba a Damián como si el cielo acabara de escupir un demonio. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Buenas tardes – insistió el cura.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Buenas tardes, padre – respondió Magdalena.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Su pecho ascendía y descendía recobrándose del baile. Era una ventana alegremente abierta a rincones que cualquier mujer debería ocultar con celo, y Damián se abstrajo contemplando las luminosas gotas de sudor que resbalaban y se deslizaban por aquel escote jadeante. Percatándose de dónde se había perdido el cura, Fernando le dio un codazo a Magdalena y ésta, comprendiendo, se recompuso el atuendo acusando cierto sonroje. Aquella inesperada vergüenza tampoco agradó al pastor de hombres, que tras ser testigo del anterior espectáculo de desenfado y jolgorio, y víctima de la mirada enconada de uno y preocupada de otra, juzgó pronto que sería una tarea compleja sacar a aquella pareja de las calderas de Satanás.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-¿Qué se le ofrece, padre? – preguntó Fernando con impaciencia.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Damián se tomó su tiempo para recomponerse tras verse sorprendido por los encantos de Magdalena y procuró sonreír para no emplear contra Fernando sus mismas armas de arrogancia y desafío.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-¿Cuánto tiempo hace que vivís aquí? – dijo, inocentemente.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Hará dos meses el próximo día quince – calculó la mujer.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-¿Y por qué no habéis acudido a la iglesia hasta el momento?&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Los hermanos intercambiaron sendas miradas de sorpresa y desconcierto. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Estamos muy ocupados – sentenció Fernando, tajante.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-¿Ninguno de los dos puede acudir a cualquiera de las tres misas? &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Nos resulta imposible – insistió el varón.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;El cura intercambio el peso de un pie a otro visiblemente irritado por la agresividad de las respuestas de Fernando. Supo entonces que cualquier intento de negociación resultaría infructuoso, pero se negó a consentir que aquel hombre persistiera en su error de mantenerse apartado de la senda del Señor, arrastrando consigo a su hermana. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Si en verdad estáis tan ocupados como decís, yo no tendría ningún inconveniente en acercarme por aquí para oficiar alguna misa – propuso, reconciliador – De hecho, lo hago constantemente con aquellos que, por diferentes motivos, no pueden acudir a las misas.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Fernando iba a escupir una nueva negativa mezclada con esa clase de carcajada exagerada que indica al oyente que ha pronunciado una soberana estupidez, pero Magdalena le sujetó del brazo y respondió por él.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-No querríamos molestarle – dijo con suavidad.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Damián sacudió la cabeza.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-No es ninguna molestia. Es mi deber.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-De veras, padre – insistió Magdalena – Vamos con el rebaño de arriba abajo, es difícil saber dónde estaremos cada día, Sería muy trabajoso para usted andar buscándonos y descuidando sus tareas.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;El padre Damián esbozó la sonrisa del lobo a punto de hincar el diente en la yugular del borrego. Estrechó la mirada y enlazó las manos a su espalda. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-En el pueblo se rumorea… - dijo muy despacio -, que sois &lt;i&gt;rojos&lt;/i&gt;.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Magdalena se sobresaltó y tragó saliva. Fernando agachó la mirada apretando los puños y mordiéndose los labios.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Los chismes – susurró con acritud – Pero de todos modos…&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;-Está bien, padre – terció Magdalena, interrumpiendo a su hermano – Nuestra intención nunca fue dar que hablar. Si usted dice que no le supone ninguna molestia el venir a visitarnos, por favor, hágalo. Le estaremos muy agradecidos.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Damián comprobó como una cólera de raíz desconocida rojeaba la faz de Fernando y como Magdalena le rehuía la mirada retorciéndose las manos con nerviosismo. Sonrió satisfecho de su persuasión y se despidió de ellos hasta el día siguiente. 
&lt;div align=left&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div align=left&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div align=left&gt;
&lt;table style="width:72px;height:70px" cellspacing=0 cellpadding=40 width=72 background="http://storage.msn.com/x1pgliP38XxBL055VOgHvYWwt61FYMnCJcEVaFAXt7aoVVEFtigxfDdihcLVXPGMnitbpe6q2zoeRGqIcxEOFlK2qisMCZmHvbRfY99wGTHCqhuCm7pdLBd9OTr-Z7CdAkoF8h_11x7nGJ0yEsn0SEMfg" border=1&gt;
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&lt;p&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=2703797283152210225&amp;page=RSS%3a+Magdalena+(IV)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=downwhereim.spaces.live.com&amp;amp;GT1=downwhereim"&gt;</description><comments>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!272.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!272.entry</guid><pubDate>Mon, 27 Feb 2006 21:13:39 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/cns!2585D14DBEF42931!272/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!272.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-03-07T17:53:29Z</dcterms:modified></item><item><title>Magdalena (III)</title><link>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!269.entry</link><description>&lt;div&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;La razón por la que la pareja no acudía a la iglesia y que tanto intrigaba al padre Damián se reducía al simple hecho de que los hermanos fueron antes y durante la guerra miembros convencidos de la F.A.I. y, por lo tanto, muchos vestigios de aquella ideología pervivían aún en su conciencia, entre ellos, el odio visceral al poder eclesiástico. Fernando y Magdalena ni siquiera eran sus nombres verdaderos, sino las máscaras tras las que se habían ocultado después de la guerra para evitar la persecución del régimen franquista. Emilio era el verdadero nombre de Fernando y Ana el de Magdalena.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Durante la contienda, Ana incluso llegó a combatir en el frente, pero a la vista de las atrocidades de las que fue testigo, no pudo soportar tanta crueldad y solicitó un traslado a una fábrica de armamento desde donde ayudó al bando republicano montando fusiles. Emilio, en cambio, jamás tuvo un alma tan sensible al padecer ajeno. Él formaba parte del ala más radical del partido y actuaba como cualquier extremista. Luchaba por unos ideales que no hubiera sido capaz de argumentar, odiaba las cosas que el partido odiaba y defendía ciegamente las que el partido defendía sin cuestionarlas. Mientras Ana se unía y apoyaba huelgas de obreros, participaba en publicaciones ilegales y se ocupaba de captar nuevos miembros para la F.A.I. en reuniones clandestina, él se dedicaba a saquear locales, poner bombas e incluso a matar a sangre fría a los que conformaban la lista de enemigos del partido. Por supuesto, no le faltó tiempo para quemar iglesias, violar monjas y asesinar curas en sus ratos libres.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Pero Emilio se suicidó junto con Ana poco después de la victoria de Franco sobre los partidarios de la República; e inmerso en aquel nuevo régimen y en condición de vencido, a Fernando no se le hubiera ocurrido imitar a su predecesor. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;En realidad, Fernando estaba vivo por alguna extraña simpatía de la fortuna. Durante la guerra fue hecho prisionero por los nacionales y condenado a muerte. Se salvó porque en un descuido consiguió saltar del camión en marcha mientras lo llevaban para ajusticiarlo y escapar de los disparos de los soldados que salieron en su búsqueda. Se reenganchó de nuevo al ejército republicano y fue el único superviviente de su batallón en la Batalla del Ebro. Sin embargo, de vuelta a casa en 1939, las barbaridades y excesos que cometió como faísta y como soldado le fueron pagados con la misma moneda. Al regresar a su pueblo encontró el hogar familiar saqueado e incendiado y a toda su familia asesinada en el corral de un tiro en el cráneo. Y después de buscarla durante mucho tiempo, halló a Magdalena en un hospital recuperándose de toda suerte de torturas y vejaciones. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;Al temer que les persiguieran como antiguos miembros de la F.A.I., se cambiaron de nombre y decidieron mudarse donde nadie supiera de ellos antes de la guerra. Viajaron del norte al sur de la península y de allí a aquel pueblecito anónimo pero que simpatizaba con la ideología de los vencedores. No era un entorno que le resultara a la pareja ni cómodo ni fácil, sin embargo, juzgaron que, de ser buscados, el régimen no acertaría a imaginarlos formando parte de su propio bando.
&lt;div align=left&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div align=left&gt; &lt;/div&gt;
&lt;div align=left&gt;
&lt;table style="width:72px;height:70px" cellspacing=0 cellpadding=40 width=72 background="http://storage.msn.com/x1pgliP38XxBL055VOgHvYWwt61FYMnCJcEVaFAXt7aoVVEFtigxfDdihcLVXPGMnitbpe6q2zoeRGqIcxEOFlK2qisMCZmHvbRfY99wGTHCqhuCm7pdLBd9OTr-Z7CdAkoF8h_11x7nGJ0yEsn0SEMfg" border=1&gt;
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&lt;p&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=2703797283152210225&amp;page=RSS%3a+Magdalena+(III)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=downwhereim.spaces.live.com&amp;amp;GT1=downwhereim"&gt;</description><comments>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!269.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!269.entry</guid><pubDate>Fri, 24 Feb 2006 21:49:30 GMT</pubDate><slash:comments>2</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/cns!2585D14DBEF42931!269/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!269.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-03-07T17:52:41Z</dcterms:modified></item><item><title>Magdalena (II)</title><link>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!268.entry</link><description>&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Sin embargo, hubo alguien en el pueblo que no dejó nunca de estar muy pendiente de ellos: el párroco. &lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;El padre Damián era un hombre sobrio y gris. Prefería los entierros a los bautizos y las extremaunciones a las bodas. Según sus convicciones la alegría era una puerta abierta a la despreocupación religiosa y al pecado, y la pena un aliciente a la devoción. Poco se podía decir sobre él. Era una mentalidad obsoleta de doscientos años acomodada en un cuerpo de treinta y cinco. Quizás fuera atractivo, pero la sotana negra y el alzacuellos blanco se erigían como muros infranqueables contra los que se estrellaba cualquier tentativa de definirlo según unos cánones de belleza. Era el cura y sólo con esos ojos lo contemplaban sus feligreses. &lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Damián era el hombre más influyente y respetado del pueblo. Como buen pastor era atento y apasionado. Su rebaño acudía invariablemente a las tres misas que oficiaba a lo largo del día, de modo que durante ese tiempo la vida del pueblo se concentraba en la iglesia. Era capaz de detectar cualquier ausencia y tras el oficio no dudaba en ir en busca de la oveja descarriada para reprocharle su pereza y hacer planear sobre ella la sombra del castigo eterno. Tan grande era su compromiso que dedicaba su tiempo libre a celebrar misas en los hogares de los impedidos que no podían acudir a los oficios. Por lo tanto, en su obsesión por mantener a su rebaño en el buen sendero de Dios, le quitaba el sueño que ninguno de los dos hermanos se hubiera dejado ver por la iglesia desde que llegaran a la localidad. &lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-¿No s&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;erán &lt;i&gt;rojos&lt;/i&gt;, padre? – dijo una feligresa. &lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;-No, no. Evitemos sacar conclusiones precipitadas – respondió él – Hablaré con ellos. Seguro que este asunto tendrá alguna explicación.&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt; &lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p align=right&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face=Verdana color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;
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&lt;table style="width:72px;height:70px" cellspacing=0 cellpadding=40 width=72 background="http://storage.msn.com/x1pgliP38XxBL055VOgHvYWwt61FYMnCJcEVaFAXt7aoVVEFtigxfDdihcLVXPGMnitbpe6q2zoeRGqIcxEOFlK2qisMCZmHvbRfY99wGTHCqhuCm7pdLBd9OTr-Z7CdAkoF8h_11x7nGJ0yEsn0SEMfg" border=1&gt;
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&lt;p&gt;&lt;/tbody&gt;&lt;/table&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;
&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=2703797283152210225&amp;page=RSS%3a+Magdalena+(II)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=downwhereim.spaces.live.com&amp;amp;GT1=downwhereim"&gt;</description><comments>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!268.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!268.entry</guid><pubDate>Tue, 21 Feb 2006 20:58:50 GMT</pubDate><slash:comments>0</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/cns!2585D14DBEF42931!268/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!268.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-02-27T20:38:11Z</dcterms:modified></item><item><title>Magdalena (I)</title><link>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!254.entry</link><description>&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;Los dos hermanos llegaron al pueblo poco después de que terminara la guerra. Nadie les prestó mucha atención por aquel entonces, unos lloraban a sus muertos, otros sus pérdidas y otros, antes de ser encarcelados y fusilados, que la balanza se hubiera decantado a favor del caudillo. Llegaron sin nada, ni un triste fardo, y se instalaron en una casucha abandonada a las afueras. Cuando alguien les preguntó, dijeron (mintieron) que habían comprado la propiedad a sus dueños, emigrados a la ciudad durante la II República. Nadie les replicó, pero nadie les creyó tampoco. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Él se llamaba Fernando y ella Magdalena. Él rondaría la treintena y ella había dejado atrás el cuarto de siglo hacía un par de años. Él era alto, robusto y moreno. Poseía una complexión fuerte, como trabajada por algún quehacer pesado, y un gesto oscuro marcado por aquella contienda fraticida. Sufrimiento, resignación y derrota. No reía y siempre parecía ausente. Tampoco hablaba, o procuraba hacerlo lo menos posible. Ella era como una espiga. Se movía y caminaba como se mecen los juncos acariciados por el viento, y el viento mismo, descarado, se enredaba y esparcía el perfume de sus bucles de fuego. Tenía la piel blanca, los ojos de la aceituna verde y unos labios tocados con la jugosidad de la fresa madura. Su semblante sereno y su sonrisa plácida era el único bálsamo que calmaba la rudeza de la expresión de su hermano, por el que se desvivía. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Después de unas semanas en el pueblo y de mendigar trabajo una y otra vez por todas sus casas, el alcalde contrató a Fernando para pastorear su rebaño de ovejas y cabras. A veces las sacaba y recogía el mismo día, y en otras ocasiones, pasaba fuera jornadas enteras y se le veía con el rebaño por los cerros que abrazaban el pueblo. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Los hermanos mantenían una extraña y estrecha relación. Verlos por separado resultaba prácticamente imposible. Las miradas intranquilas afloraban raudas cuando uno desaparecía de la vista del otro durante demasiado tiempo y se tornaban suspiros de alivio cuando volvían a encontrarse. Ofrecían la sensación de temer no volver a verse llegaran a separarse y por ello procuraban no hacerlo.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Con semejantes actitudes y tan pendiente siempre el uno del otro, ninguno de los dos hizo muchas amistades entre los pueblerinos. Fernando acudía de vez en cuando al bar y Magdalena cada día a la panadería, la lechería y la tienda de ultramarinos, pero ninguno hablaba nunca del otro y a duras penas de sí mismos, costumbre que decepcionaba tanto a las mujeres (unas intrigadas por lo enigmático de Fernando y otras ociosas de chismes sobre las truculencias de la guerra y el pasado del varón) como a los hombres (prendados la gran mayoría de la frágil, nívea y novedosa belleza de Magdalena) del pueblo. &lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face="Verdana, Geneva, Arial, Sans-serif"&gt;&lt;font color="#ffffff"&gt;&lt;span&gt;            &lt;/span&gt;Tanta discreción les valió para que, pasada la curiosidad inicial, la gente fuera olvidándoles poco a poco y no les prestara excesiva atención, consiguiendo llevar una vida apacible, relajada y anónima.&lt;/font&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;font face=Verdana color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/span&gt; 
&lt;p align=right&gt;&lt;span style="font-size:10pt;font-family:Arial"&gt;&lt;strong&gt;&lt;font face=Verdana color="#ffffff"&gt;&lt;/font&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;
&lt;p&gt;
&lt;div align=left&gt;
&lt;table style="width:72px;height:70px" cellspacing=0 cellpadding=40 width=72 background="http://storage.msn.com/x1pgliP38XxBL055VOgHvYWwt61FYMnCJcEVaFAXt7aoVVEFtigxfDdihcLVXPGMnitbpe6q2zoeRGqIcxEOFlK2qisMCZmHvbRfY99wGTHCqhuCm7pdLBd9OTr-Z7CdAkoF8h_11x7nGJ0yEsn0SEMfg" border=1&gt;
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&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://c.services.spaces.live.com/CollectionWebService/c.gif?cid=2703797283152210225&amp;page=RSS%3a+Magdalena+(I)&amp;referrer=" width="1px" height="1px" border="0" alt=""&gt;&lt;img style="position:absolute" alt="" width="0px" height="0px" src="http://c.live.com/c.gif?NC=31263&amp;amp;NA=1149&amp;amp;PI=73329&amp;amp;RF=&amp;amp;DI=3919&amp;amp;PS=85545&amp;amp;TP=downwhereim.spaces.live.com&amp;amp;GT1=downwhereim"&gt;</description><comments>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!254.entry#comment</comments><guid isPermaLink="true">http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!254.entry</guid><pubDate>Sun, 19 Feb 2006 21:52:17 GMT</pubDate><slash:comments>1</slash:comments><msn:type>blogentry</msn:type><live:type>blogentry</live:type><live:typelabel>Blog entry</live:typelabel><wfw:commentRss>http://downwhereim.spaces.live.com/blog/cns!2585D14DBEF42931!254/comments/feed.rss</wfw:commentRss><wfw:comment>http://downwhereim.spaces.live.com/Blog/cns!2585D14DBEF42931!254.entry#comment</wfw:comment><dcterms:modified>2006-02-20T02:34:10Z</dcterms:modified></item></channel></rss>